La renegociación comercial entre México y Estados Unidos está entrando en una nueva etapa.
Ya no se trata solamente de aranceles, exportaciones o del porcentaje de contenido regional de un automóvil. El verdadero debate comienza a ubicarse en un terreno mucho más estratégico: quién produce los insumos, dónde se fabrican y qué países forman parte de las cadenas de suministro de América del Norte.
Washington ha colocado en la mesa de revisión del T-MEC las reglas de origen automotrices, acero, aluminio, seguridad económica y el fortalecimiento de las cadenas regionales. Desde marzo, Estados Unidos y México plantearon explícitamente limitar los insumos provenientes de terceros países y aumentar la producción norteamericana.
El mensaje hacia China es evidente, aunque la negociación todavía está abierta y no existe una regla general que pueda describirse como un “cero productos chinos” para todas las exportaciones mexicanas.
La industria automotriz constituye uno de los principales campos de batalla. El propio presidente Donald Trump ha señalado que no quiere automóviles chinos fabricados en México y posteriormente enviados al mercado estadounidense. Al mismo tiempo, organizaciones de la industria automotriz estadounidense están solicitando mantener restricciones frente a fabricantes chinos.
Para México, esto puede convertirse en una presión considerable, pero también en una oportunidad industrial.
La pregunta ya no será únicamente cuánto exportamos, sino cuánto valor norteamericano contiene cada producto mexicano que cruza la frontera.
Y aquí Tamaulipas tiene una posición estratégica.
Reynosa y Matamoros cuentan con una importante base manufacturera; Nuevo Laredo constituye uno de los principales corredores logísticos hacia Texas; y el sur del estado, particularmente Altamira, combina puerto, industria química y petroquímica, energía, infraestructura logística y conectividad internacional.
El gobierno de Tamaulipas reportó en mayo 180 proyectos de inversión privada y destacó, entre sus estrategias, la creación del Clúster Automotriz y del Clúster Eléctrico-Electrónico, además del fortalecimiento del Puerto de Altamira como el nuevo Polo de Desarrollo Económico del Bienestar.
En junio, el Gobierno estatal informó además que solamente en Altamira, Tampico y Ciudad Madero estaban confirmados 42 proyectos por más de 5,806 millones de dólares, con una estimación de 8,192 empleos. La infraestructura portuaria e industrial de Altamira fue señalada como una de las fortalezas para atraer capital.
Estos datos adquieren una dimensión diferente ante la nueva política comercial estadounidense.
Si Washington exige cadenas de suministro más regionalizadas, Tamaulipas puede dejar de ser únicamente un territorio de manufactura y convertirse en plataforma de proveedores norteamericanos.
Eso significaría desarrollar empresas capaces de producir autopartes, componentes eléctricos y electrónicos, plásticos, químicos, acero transformado, maquinaria, sistemas de almacenamiento energético y otros bienes intermedios que actualmente pueden depender de proveedores asiáticos.
Altamira podría jugar un papel fundamental por su capacidad portuaria e industrial.
Matamoros tiene la ventaja de su proximidad con Texas y el proyecto del Puerto del Norte.
Reynosa puede fortalecer su vocación manufacturera.
Mientras Nuevo Laredo puede consolidar su función logística.
El propio Gobierno estatal identifica estos proyectos como parte de una estrategia integral de infraestructura y desarrollo económico.
El reto consiste en que el nearshoring evolucione hacia una integración regional profunda.
No basta con que una empresa china, estadounidense, europea o asiática instale una planta en México. La nueva etapa exigirá proveedores locales, capital humano especializado, energía suficiente, infraestructura, certificaciones y trazabilidad del origen de los componentes.
En otras palabras: el próximo T-MEC podría premiar no solamente a México como plataforma exportadora, sino a los estados capaces de demostrar que generan auténtico valor regional.
Para Tamaulipas, ésta puede ser una oportunidad histórica.
La disputa económica entre Washington y Beijing está redibujando las cadenas globales.
Y mientras Estados Unidos busca reducir su dependencia de China, Tamaulipas tiene la posibilidad de convertirse en uno de los eslabones industriales más importantes de la nueva Norteamérica.
El desafío será convertir esa posición geográfica privilegiada en mayor contenido nacional, más proveedores tamaulipecos, más innovación y empleos mejor remunerados.
Ahí estará la verdadera batalla económica del nuevo T-MEC…






