Miami. A primer vistazo, Estados Unidos, particularmente Miami, asombra por su gran infraestructura, rascacielos que parecen tocar las nubes, taxis que se conducen solos, y en temas de digitalización económica, ya que todos, hasta el vendedor ambulante de puros cubanos clandestinos o el del puesto de souvenirs a la orilla de la playa aceptan pagos con tarjeta.
Cualquiera que viaja a suelo estadunidense de forma constante afirma que ya no es necesaria una casa de cambio para canjear moneda de su país a dólares “porque todos aceptan tarjeta”.
Aunque pagar con plásticos ya es anticuado, pues domina el modo digital: desde el celular mediante el llamado Tap to pay, que consiste en acercar el teléfono con la billetera electrónica habilitada a la terminal del comercio.
No obstante, al adentrarse a la economía cotidiana de la costa Este, entre cafeterías, restaurantes, supermercados o pequeños comercios, sobreviven letreros que recuerdan que el dinero efectivo no ha desaparecido, y que, en ocasiones, llevar unos billetes puede significar pagar menos.
El Cuba Café, en la calle 11, entre las avenidas Washington y Collins, de Miami Beach, vende, entre otras cosas, sándwiches. En el Menú, el más económico cuesta 9.99 dólares, y el más caro 13.99 dólares. Al comprar el de mayor valor y solicitar el pago con tarjeta, el precio sube a 17 dólares, “porque en cash es más barato para el negocio. Con la tarjeta tengo que agregar la comisión”, respondió la cajera a este periodista.
En esa misma calle se encuentra Mega Pizza, que, “tal como en Nueva York”, cada porción personal de dicho alimento mide 30 centímetros. Ahí el menú es claro: hay un precio para pago con tarjeta y otro para pago en efectivo. Una rebanada de pizza de pollo hawaiana cuesta 7.99 dólares con efectivo y 9.99 con pago electrónico.
Ahí atiende Demir, un joven de turquía, quien explica que “es por los impuestos de la terminal”.
Rumbo a la playa, el cubano José se acerca a los transeúntes de forma sigilosa con una mochila que se aprecia pesada. Él ofrece cigarros “habanos de la mejor calidad. Uno por 10 dólares y 3 por 25 dólares. No te preocupes si no traes efectivo, acepto Apple Pay, cualquier tarjeta, pero sube poquitico el precio, pues tengo que sacar lo del impuesto de la tarjeta, mi hermano”.
¿Entonces, qué pasa?
La paradoja está a la vista de todos: la economía estadunidense está plenamente digitalizada, pero a los pequeños comercios aceptar pagos con tarjeta o medios digitales les cobra una factura que quieren evitar.
Según datos de la Reserva Federal (Fed), en el país vecino, siete de cada 10 pagos se hacen desde las cuentas de crédito o débito.
Y en las grandes cadenas comerciales los precios son los mismos que aparecen en los anaqueles y sólo se les debe agregar el impuesto que corresponde a la venta, que en Florida está compuesto por una tasa estatal y otra que pueden aplicar los condados, por lo que no existe comisión por utilizar una tarjeta o un teléfono con billetera electrónica para pagar.
Lo que los pequeños comerciantes llaman “impuesto de la terminal” o “impuesto de la tarjeta” es en realidad el costo que deben asumir por procesar una operación electrónica, pues detrás de cada pago con cuenta de crédito o débito intervienen bancos, redes de pago y empresas procesadoras que cobran distintas comisiones por llevar a cabo la transacción, de acuerdo con la Fed y la Oficina para la Protección Financiera al Consumidor (CFPB, por sus siglas en inglés).
Cuando un cliente paga en efectivo, el comerciante recibe directamente los billetes y no tiene que cubrir el costo asociado al procesamiento de una operación electrónica, mientras al usar una tarjeta o hacer el pago por medios digitales una parte del dinero de la venta se destina a cubrir las comisiones relacionadas con el uso de la tecnología detrás de esa operación.
La Fed explica que entre estos costos se encuentran las llamadas comisiones de intercambio y otros cargos por el uso de las redes y los procesadores, mientras el CFPB identifica también las tarifas de procesamiento y otros gastos relacionados con las operaciones electrónicas, por lo que para un pequeño comercio cada venta realizada con tarjeta puede representar un costo adicional que no existe de la misma manera cuando el cliente paga en efectivo.
¿Y en México?
El fenómeno de subir el precio al pagar con tarjeta no sólo ocurre en Miami, también se observa en otras ciudades de Estados Unidos, como Nueva York, donde en varias de sus tiendas de “recuerdos”, los precios en efectivo son menores.
En México las cosas no son muy distintas: hay establecimientos que dan más barato si el cliente paga con dinero en efectivo, como puede ser en restaurantes o en misceláneas, y si se paga con tarjeta se cobra una comisión de 4 por ciento.
Las autoridades del sistema financiero mexicano y sus participantes se encuentran en una misión que consiste en digitalizar la economía e incrementar la cantidad de los pagos con tarjetas o medio digitales.
En la actualidad, Mastercard estima que en nuestro país 65 por ciento de los negocios sólo aceptan pagos en efectivo y siete de cada 10 transacciones son con dinero físico.
A diferencia de Estados Unidos, aquí no es opción subir o bajar el importe de un producto o servicio según el tipo de pago,sino que está prohibido cobrar cuota adicional por usar una terminal bancaria so pena de ser sancionados desde el retirarle la terminal hasta la clausura del comercio.
No es ilegal
Tasha atiende la tienda de licores Ocean 9, en la calle 9 del South Beach de Miami, entre avenida Collins y Ocean Doctor y comenta a los clientes: “si se paga en efectivo el precio es el anunciado, si es con tarjeta, sube el precio”.
“Tasha, ¿ no es ilegal en Estados Unidos cambiar el precio?”, se le pregunta. “No, para nada, aquí esto es legal y es normal, nosotros podemos subir los precios por tarjeta, obviamente si es con dólares, con cash, es más barato. Este llaverito de 6 dólares, con tarjeta cuesta 7.49 dólares”, responde, mientras en el local se escucha I’m Still in Love with You, de Sean Paul.
Y en efecto, no es ilegal: en Estados Unidos cada estado establece sus propias reglas, pero en buena parte del país los comercios pueden cobrar un precio diferente cuando el cliente paga con tarjeta, siempre que se lo hagan saber antes de realizar la compra.






