Hace tiempo la frase “la democracia es cara”. desde los órganos de autoridad electoral, se normalizó. Ahora vemos la evidencia: la encarecieron los entes electorales. Corrupción, malos manejos en las adjudicaciones, nepotismos, amiguismo y compras innecesarias son la constante de todo el Poder electoral en la geografía del país.
Los amoríos de Guadalupe Taddei sólo sacaron a la luz, lo que ocurría en las profundidades de un órgano que nació deshonesto -y no sólo por los fraudes electorales- desde su origen y se fue perfeccionando -en esa conducta- al correr de los años.
Mucho ha costado a la nación, los terribles fraudes electorales de 1988 y 2006 -los más evidentes-, en los que el árbitro electoral no movió ni una pestaña para impedirlos. El de 2006 resultó monstruoso: derivó en una guerra -el gobierno se asoció con un cartel para combatir a otro- contra el narco que todavía padecemos.
El IFE y el INE, fueron lo mismo.
Desde el centro, pudrieron la periferia.
En Tamaulipas, llegaron esas oleadas de lodo.
Inmiscuyeron al órgano electoral en prácticas que, después refinarían por el bien de la burocracia de la institución.
Contratos para amigos, compra de material a sobreprecio, contratos laborales para amigos y salarios preferenciales a personal de confianza.
Se sabe de la compra del IETAM de material electoral a la empresa de los hermanos Hernández Casillas denominada Cajas Graf. Dice el presidente, Juan José Ramos Charre que se le asignaba desde la CDMX.
Se calcula en más de cien millones de pesos, la compra de urnas y mamparas.
La UIF mantiene abierta una investigación contra los Hernández Casillas, relatan esas indagaciones, la forma en que ganaban las licitaciones en complicidad con los funcionarios del IFE.
Debemos saber que en una elección se compran cajas para todas las mesas electorales del país. Así como en Tamaulipas, se adquieren para las más de 5 mil casillas.
Hasta ahí todo correcto.
Pareciera que el IETAM no rompe un vaso.
El asunto está bajo la alfombra.
Algunos ciudadanos lo desconocen: la mayor parte del material electoral -sobre todo urnas, que son elaboradas de material resistente- se puede reciclar; es decir: sólo se avería de un 10 a 15 por ciento en unos comicios.
¿Dónde queda el 85 por ciento restante que le queda al IETAM?
La respuesta es sencilla: en la bodega.
En efecto: se gasta en la renta de inmensos almacenes para guardar unas cajas que -supongo- al tiempo prudente terminan en la basura.
¿Por qué no limpiar los órganos electorales y mejorar los procesos democráticos tamaulipecos?






