
Ciudad de México.- “Todos los mexicanos que vivieron ese momento (el terremoto de 1985) merecen el reconocimiento del Premio Ángel de la Ciudad, por su arduo trabajo”, expresó el tenor Plácido Domingo.
Antes de dirigir a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM) en la Plaza de las Tres Culturas en homenaje a la víctimas del terremoto, el cantante español recibió el Premio Ángel de la ciudad en reconocimiento a sus labores de rescate.
En la ceremonia realizada en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, Plácido Domingo hizo extensivo el premio que le dieron a los mexicanos “héroes anónimos”, quienes fueron un parteaguas para grandes cambios.
“Los topos estuvieron presentes día a día en aquellos momentos y han establecido un trabajo por años; presentes en muchas tragedias alrededor del mundo. Asimismo, extendió el reconocimiento a su hijo Pepe Domingo y su cuñado Alfonso Fernández.
“Yo tuve que irme a las dos semanas del terremoto, porque comencé a organizar conciertos en ayuda a los damnificados, pero mi hijo y mi cuñado se quedaron a trabajar en las labores de rescate”, recordó el tenor.
Resaltó que él perdió a cuatro familiares en el Edificio Nuevo León de la Unidad Tlatelolco: una tía y un tío, su sobrino y su primo. “El tiempo pasa tremendamente rápido, pero los que estamos aquí todavía tenemos la herida tan profunda que parece que ha pasado una eternidad (…) está todo tan vivo, que la herida todavía está, pero quiero expresar las gracias a todos los ángeles que lucharon desde cualquier lugar de la ciudad “, dijo.
CONCIERTO. Tras terminar el recital, Plácido Domingo prometió regresar a México para presentar un concierto en la Plaza de las Tres Culturas. Con las notas de la canción “Cielito Lindo”, que interpretó para cerrar el concierto y recibir los plausos del público que le pedía cantar más.
El tenor viajó a México procedente de Los Ángeles para dirigir a la Misa de Réquiem, de Giuseppe Verdi en dicho espacio de Tlatelolco, como un homenaje a las víctimas y rescatistas del terremoto del 19 de septiembre en la ciudad.
Así fue como dirigió en calidad de huésped a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM), frente a un piso y sillas mojadas por la lluvia que cesó en cuanto dio inicio el concierto.
Con aplausos y la petición por parte del público de que el tenor español cantara alguna aria, se dijo tan emocionado que no estaba en condiciones para interpretar nada: “prometo que vendré a este lugar tan significativo, con la esperanza de que desgracias como el terremoto no vuelvan a suceder”.
Agregó que para su próxima visita espera venir con emoción y felicidad, de la cual se desprenda alguna pieza feliz, dijo con un reconocimiento en mano y un ramo de flores que le otorgó la coordinación de rescatistas de Tlatelolco.
Fue así como 3 mil 500 personas se dieron cita en la explanada para escuchar la misa que aborda el tema del final de los tiempos, mientras que otros vecinos aprovecharon la vista del escenario desde las ventanas y balcones de los edificios de la Unidad Tlatelolco.
Las enérgicas voces de los tenores y sopranos inundaron de nuevo el espacio de recuerdos, al cantar sobre la muerte, el luto y la desolación, como parte del homenaje que organizaron el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaria de Protección Civil, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Secretaria de Cultura del D.F. y el Centro Cultural UniversitarioTlatelolco (CCU).
Participaron la soprano María Katzarava, la mezzosoprano Grace Echauri, el tenor Dante Alcalá, el bajo Rosendo Flores, el coro de Enharmonia Vocallis, el director Fernando Menéndez y el director titular de la OFCM, José Areán.





