Una investigación británica sobre la guerra en Irak denostó el miércoles al ex primer ministro Tony Blair y su gobierno por participar en la invasión liderada por Estados Unidos sin contar con bases legales satisfactorias ni con la planificación apropiada.
Blair respondió que tomó la decisión de llevar al país al conflicto en Irak “de buena fe”, que todavía considera que era necesario remover del poder al dictador Saddam Hussein y que no cree que sus acciones fueran una de las causas que han provocado una propagación del extremismo en el último tiempo, en Oriente Medio o en otras partes del mundo.
El esperado reporte sobre la investigación no dijo que la intervención militar en Irak fue ilegal, en una decisión que posiblemente decepcionará a muchos de sus críticos.
Hemos concluido que, en las circunstancias en las que se tomaron las decisiones, hubo una base legal para la intervención militar que estuvo lejos de ser satisfactoria”, dijo John Chilcot, el jefe de la indagación, en un discurso para dar a conocer los resultados del informe.
El llamado reporte ‘Chilcot’ concluyó que no había una amenaza inminente de Saddam Hussein en marzo de 2003 y que el caos en Irak y en la región que se produjo tras su remoción debió haberse previsto.
Para el 2009, la invasión y la posterior inestabilidad surgida en Irak había provocado la muerte de al menos 150 mil iraquíes, en su mayoría civiles, y desplazado a más de un millón de personas.
El informe sostuvo que Reino Unido se sumó a la invasión sin agotar las alternativas pacíficas, que subestimó las consecuencias de su participación en la guerra y que la planificación fue totalmente inadecuada.
“Pese a las advertencias explícitas, las consecuencias de la invasión fueron subestimadas. La planificación y los preparativos para el Irak pos Sadam fueron totalmente inadecuados”, declaró el investigador.
Según reveló Chilcot, Blair prometió al presidente estadunidense George W.Bush seguirle “pasara lo que pasara”, tan sólo un año antes del conflicto.
La Investigación Chilcot se inició en 2009, cuando las tropas británicas se retiraron de Irak, con la misión de investigar la decisión de participar en la guerra de 2003 y la ocupación subsiguiente.
Más de 120 personas aportaron su testimonio, desde Blair y su sucesor, Gordon Brown, a ministros y altos mandos militares y de los servicios de inteligencia.
Aunque Blair dimitió en 2007, su credibilidad nunca se recuperó de aquello, y gran parte de los británicos creen que nunca debió haber metido al país en el avispero iraquí.
Un informe de 2004 sobre la información de los servicios de inteligencia que se usó en aquel momento encontró que se habían exagerado las evidencias, aunque el autor, Robin Butler, dijo el lunes que Blair “creía de verdad” que estaba haciendo lo correcto.






