Según muchos historiadores no oficiales, uno de los grandes problemas del mexicano es que los historiadores oficiales nos han hecho estar de parte de los perdedores.
El gran problema del mexicano es que siempre está con los perdedores, pues.
Odiamos a los españoles porque nos vinieron a saquear y nos robaron el país y nuestras raíces. Por eso amamos a Moctezuma, Cuitláhuac y a Cuauhtémoc, los que perdieron contra los ibéricos. Y no nos ponemos a pensar que fueron éstos últimos quienes nos dieron identidad como país, una religión (en la que la mayoría cree), ciudades e historia. Antes de su llegada no existíamos como una nación; los mayas, los olmecas, totonacas, aztecas y demás, no estaban unidos, incluso muchos de ellos en guerra. Eran varios países, pues.
En la Independencia, nos endilgan a Hidalgo como el máximo héroe de ese episodio; pero su “lucha” duró menos de un año. La verdadera pelea la dio, por un lado Allende como estratega y por otro, Morelos. Es más, Morelos fue quien le dio reglas, forma de gobierno y nombre a éste país. Él debe ser el “padre de la patria”. Pero no. Nos pusieron al primer perdedor.
Nos ponen a Guerrero como ícono de la consumación de la Independencia cuando en realidad fue Iturbide quien la logró. La historia oficial nos dice que debemos festejar cuando inicia la lucha y no cuando se logra. Todos los países la celebran después, no antes. Sólo México lo hace al revés porque nos gusta ensalsar a los perdedores.
Nos ponen a los Niños Héroes como símbolo de patriotismo. Juan Escutia como el valiente que defendió la bandera, pero esos chamacos no hicieron nada, perdieron… los mataron. El verdadero héroe de esa batalla fue Miguel Miramón quien más tarde fuera presidente interino del país y el mandatario más joven que hemos tenido. Ah, pero como era del Partido Conservador, adversario de Juárez, éste ordenó omitirlo en la historia.
Hablando de Juárez, fue dictador y nos lo ponen como el máximo presidente de México. Pero no pudo conservar ni siquiera la capital. Fue autoritario y muchas veces derrotado. Creó nuevas Leyes y muy importantes, pero su mandato se basó en caprichos (su odio a la Iglesia) y fue otro de los entreguistas a los Estados Unidos (tratado McLane-Ocampo).
Uno de los grandes villanos de nuestra historia es Porfirio Díaz por eternizarse en el Poder. Pero nadie habla de que fue uno de los artífices de la Batalla de Puebla. Después, el presidente que más obra pública hizo. El que más estabilidad le dio al país. El que más cultura ofreció y el que más estabilidad entregó.
Ah, pero nos ponen a Madero como el ícono de la democracia. En realidad fue un pusilánime que permitió que todo mundo lo traicionara y el que dejó que se dieran los episodios más cruentos de la revolución.
La historia nos pone como héroes a verdaderos bandidos como Villa y Zapata. Pero nos hace olvidar a verdaderos idealistas como los Flores Magón, Bernardo Reyes o Vasconselos. La historia nos dice que los perdedores son los héroes y por eso genéticamente somos un país perdedor.
Por eso, no debe extrañarnos que hoy en día el mexicano se sienta más orgulloso de las hazañas de Joaquín “El Chapo” Guzmán que indignado por la forma en que un delincuente se burla, no sólo de la autoridad, sino de la sociedad en general.
Hoy la gente hace más alarde de lo que hizo el delincuente y reprocha a la autoridad. Hoy, es triste saber que para el mexicano es más meritorio lo que hizo un criminal que lo que puede hacer un científico, investigador, periodista, sociólogo o médico.
No nos extrañemos que dentro de cien años haya calles con su nombre y que esté inscrito en algún muro de honor. Sí, así como está el de Villa que fue un bandido de lo peor y que traicionó a todos los revolucionarios.
Ese es el gran problema de los mexicanos. Es un problema histórico y será complicado cambiarlo: estamos con los perdedores y con los bandidos.
PUNTO FINAL.- “Cada sociedad tiene los delincuentes que merece”: Emma Goldman.
Twitter: @Mauri_Zapata





