Ciudad de México.- Estados Unidos es el territorio que, hasta hoy, la Fórmula 1 no conquista. Poco importa que en su historia hubiera un tiempo en que la tierra del Tío Sam tuviera dos carreras en una misma temporada (Long Beach, California y Watkins Glen, Nueva York); tampoco que uno de los pilotos más históricos como el campeón, Mario Andretti, sea un embajador carismático o un impresionante Circuito de Las Américas que cuenta con uno de los mejores trazados de los últimos años.
El Gran Circo y Norteamérica tienen una relación especial. Canadá y México son carreras con éxitos garantizados; pero Austin, Texas, ha vivido una situación diferente. Con éxito en sus primeros años gracias a la gran afluencia de mexicanos, el regreso de la F1 a tierras aztecas los ha puesto en un aprieto económico. Desde hace dos años el número de asistentes va a la baja y no se ve por donde pueda revertirse pronto.
Las condiciones no mejoraron cuando el año pasado la sesión de clasificación fue suspendida por una terrible tormenta que impidió la jornada del sábado, aunque la espera se vio recompensada el domingo con la coronación del inglés Lewis Hamilton, e igualó al brasileño Ayrton Senna o el británico Jackie Stewart.
Austin espera en 2016 recuperar la atención del público latinoamericano para asegurar su salvación. La misión no es sencilla, en especial ante la pelea que ha mantenido siempre contra NASCAR, serie que acapara los reflectores por estar en el Chase (sistema de eliminación para definir al campeón). Para el estadunidense amante del deporte motor, los focos se centran en los stock cars y no en la serie que maneja Bernie Ecclestone, quien desesperadamente observa cómo sus rivales comen parte del mercado que él ambiciona, tal como lo hizo la Fórmula E, serie de monoplazas eléctricos, al asegurar una carrera callejera en Nueva York, la misma Gran Manzana que Mr. E quería devorar con sus monoplazas y que no prosperó.






