Hace unos días, ya por la tarde, salí con mi esposa al balcón de la casa a fumarnos un cigarrillo.
Mientras lo hacíamos, observamos a cuatro niños de entre 10 y 12 años jugando en la calle.
Nos llamó la atención porque su juego no era cualquier juego.
Los cuatro niños son hijos de familias compuestas por papá, mamá y algún otro hermano. Es decir, en apariencia ninguno de ello pudiese tener algún problema que afecte su carácter.
Uno de los niños, el mayor de ellos, delgado, pelo lacio. Vestía un short azul y una playera tipo polo en color beige y una cachucha café. Parecía ser el líder del grupo. Los otros tres, de alguna manera obedecían, o mejor dicho, hacían caso a las ideas del mayor.
Sacaron unas pistolas de plástico y una escoba. Los niños empezaron a jugar ¡a los sicarios!
El mayor de los niños ideó que simularían un secuestro. Él sería el capo, otro su compañero. Los otros dos las víctimas.
Comenzó el juego.
Mi esposa y yo encendimos otro cigarrillo y ya no perdimos la atención del juego, de alguna manera sorprendidos.
Los que se suponía eran las víctimas iban caminando. Los “delincuentes” se escondieron en medio de dos carros y sorprendieron a sus“víctimas”. Los agarraron del cuello y les pidieron tirarse al piso boca abajo con las manos en la nuca.
El ayudante del aprendiz de capo les decía que se los iba a cargar la chingada y que tenían que obedecer.
Las supuestas víctimas decían que no les hicieran daño, que iban a pagar lo que les pidieran. Entonces, fueron amenazados con cortarles la cabeza.
La escena estaba a unos 20 metros de nosotros.
Entonces encendimos el tercer cigarro.
Afuera había una camioneta estacionada y se subieron a la góndola a seguir el juego. Los “secuestrados” estaban atrás y uno de los niños los tenía sometidos amenazandolos con la supuesta arma larga.
El lenguaje era de puras majaderías. Y hablaban mucho de muerte y de terror. Decían frases como “fierro, pariente”, “arre” y otras muy comúnes en las series de televisión que transmiten en algunos canales de México.
Al final, nos metimos mi esposa y yo. Los niños al parecer terminaron jugando a otra cosa.
Vivimos en un ambiente en el que a diario se comentan este tipo de delitos en Tamaulipas. Lo leen en redes sociales; quizás en las noticias. También en comentarios de conocidos, al final de cuentas, todos de alguna manera hemos sido o conocemos a víctimas de la violencia.
Es ahí en donde el gobierno ha dicho que le va a apostar. Que ampliarán los horarios en las escuelas para poder encausar a los niños en acciones más sanas y productivas.
Y ojalá no quede en un discurso. Ojalá que lo hagan y que esa esteatégia rinda frutos para ya no seguir viendo estos patéticos juegos de niños.
Pero también no podemos como padres de familia permitir que los niños juguen a ser criminales.
Uno de los problemas de las series de televisión que abordan este tema es que hacen ver al delincuente como héreo, pero peor aún, y me parece que ese es el gran problema es la impunidad con las que los dibujan, es decir, que son mejores que las autoridades y que estas, lejos de someterlos y castigarlos, al contrario, están a sus ordenes. Y eso tampoco debe seguir sucediendo.
En fin. Es lo que nos tocó vivir.
PUNTO FINAL.- “Colgar una cabeza de cordero y vender carne de perro”: Proverbio Chino.
Twitter” @Mauri_Zapata
Fuente: jugaragario.co





