Los gobiernos han concentrado todos sus esfuerzos en prevenir y combatir el covid-19.
Han ordenado cancelar consultas en todos los hospitales públicos e incluso muchos privados han hecho suya la medida.
La atención está enfocada en aquellos pacientes que son sospechosos de padecer covid-19,
El argumento o justificación es que, de esa forma se reducirá al mínimo el contagio del virus que tiene en vilo al mundo entero.
Se entiende la disposición, pero los Gobiernos están pasando por alto un hecho: hay muchas más enfermedades que pueden ser igual o más letales que el covid-19 y los pacientes no están teniendo a dónde acudir para recibir atención médica.
Y créame que no le exagero cuando le digo que no tienen a dónde acudir, porque muchos médicos privados han decidido cerrar sus consultorios y apagar sus teléfonos por la misma razón que tenemos todos: miedo al contagio.
Por otra parte, lograr siquiera ingresar a un hospital público para que el personal médico valore si el padecimiento es considerado una emergencia y por lo tanto susceptible de atenderse, es toda una odisea.
En casi todos los casos están negando la atención médica. No les importa el sufrimiento, la angustia o el riesgo de muerte del enfermo. Se limitan a repetir la frase: “búsquele por otro lado”.
De manera personal pude atestiguar el hecho. El pasado lunes, un niño de 12 años requería con urgencia atención hospitalaria por una infección en el rostro, que se le originó de un problema dental y que podía ser letal en caso de no ser combatida.
La madre acudió desesperada al Hospital Infantil de Ciudad Victoria. Un médico la escuchó, y sin valorar al paciente, porque ni siquiera lo tuvo a la vista, le informó que ahí no podían atenderlo. Que no era una urgencia.
Fue necesaria la intervención de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Tamaulipas (Codhet) para que el Hospital Infantil accediera a recibir al menor. Para ello, tuvieron que intervenir las áreas de trabajo social, la jurídica y hasta la dirección.
Luego de dos horas, un doctor fue sacado de su domicilio para acudir a atender al niño. “No soy especialista” dijo de entrada. Luego recetó unos medicamentos y decidió que el paciente debía regresar a casa a esperar el efecto del antibiótico suministrado.
El tratamiento no funcionó. La madre tuvo que seguir su odisea hasta que logró encontrar un médico particular que fue quien atendió con profesionalismo al menor.
“Vaya con un Simi”, fue una sugerencia reiterada que escuchó de amigos y conocidos la madre, pero los consultorios similares no son la mejor opción cuando el padecimiento es de alto riesgo.
Historias como estas se están repitiendo en los hospitales públicos de Tamaulipas, y no parece haber nadie que haya reparado en ello.
Insisto: es entendible que todos los esfuerzos institucionales estén enfocados en la pandemia del covid-19.
También es justificado que los hospitales no quieran tantos pacientes en sus instalaciones para cerrar el paso a un contagio masivo.
Sin embargo, también es cierto que hay muchas personas con padecimientos que requieren atención hospitalaria, y que si no la reciben se pueden poner en riesgo de muerte.
Por esa razón, esperemos que los responsables del sistema de salud en Tamaulipas encuentren una estrategia para que, sin descuidar el combate al covid-19, hallen la forma de garantizar el acceso a los servicios médicos de quienes lo requieren.
EL RESTO.
APUESTELE.- Doble contra sencillo a que en cualquier momento el presidente Andrés Manuel López Obrador, anunciará que México contratará deuda pública para enfrentar la crisis económica provocada por la pandemia del covid-19, y particularmente por la caída del precio del petróleo.
El mandatario federal ha insistido en que solicitar un crédito no es ni será opción para su Gobierno, pero el agravamiento de la crisis está cerrando la pinza y no le quedará otra alternativa que recurrir a instancias como el Fondo Monetario Internacional.
Al tiempo, tiempo.
ASI ANDAN LAS COSAS.





