El pasado domingo, alrededor de 200 agentes de la Policía Estatal Preventiva destacamentados en Tampico, Madero y Altamira, realizaron un paro de labores durante poco más de seis horas.
Decidieron guardar las armas, y guardarse ellos mismos, en protesta por lo que llamaron, un engaño y abuso del Gobierno. Cuentan que, en vez de pagarles 3,400 pesos mensuales de viáticos, como se les ofreció al ingresar a la corporación, solo les están entregando mil 800 pesos.
Además, les han incumplido la actualización anual del salario y el pago de un bono de riesgo por la pandemia del Covid-19.
Un enviado de la Secretaría de Seguridad Pública, Ángel Landa Hernández, los convenció de desistir de su protesta, bajo el compromiso de que analizarían y resolverían su demanda.
No se sabe si les cumplirán a los policías sus exigencias, que en apariencia son válidas y justificadas, pero lo que sí se sabe es que persiste un abandono crónico hacia las corporaciones de policía.
Y no es solamente el caso de la Policía Estatal Preventiva. Es una situación que afecta a todas las corporaciones de policía.
Les regatean todo: desde gasolina, uniformes, pago de viáticos, y hasta sus sueldos.
“Quieren que trabajemos de gratis”, se quejó con ironía uno de los uniformados.
Frente a esa situación, es entendible que se den manifestaciones como la ocurrida recientemente en el sur del estado.
En la anterior administración estatal ya había ocurrido una protesta parecida. Solo que, en aquella ocasión, los policías se “plantaron” frente a Casa de Gobierno, para exigirle al entonces gobernador, Egidio Torre Cantú, el pago de viáticos rezagados.
Por todo ello, es lamentable y peligroso que se les sigan regateando a los policías el pago de salarios decorosos, que sean congruentes con la situación de riesgo que enfrentan en su actividad.
Lamentable porque la función del policía es fundamental para toda sociedad. Impensable que una sociedad sobreviva sin policía.
Y peligroso, porque es precisamente en esos raquíticos salarios donde se origina el riesgo de la corrupción.
Con percepciones que muy apenas superan los 15 mil pesos mensuales, es fácil que la delincuencia encuentre campo fértil para hacerse de aliados en las corporaciones policiales.
Con esos salarios inevitablemente serán tentadores los “cañonazos” de dólares con los que el crimen organizado busca comprar conciencias y lealtades de los policías.
Casualmente, ayer leía una investigación publicada por la organización no gubernamental, “Causa en Común”, en relación a las policías.
“Además de estar desprotegidos, mal pagados y equipados, abandonados por el Estado y sus comunidades, con jornadas extenuantes y capacitaciones exprés, los policías enfrentan día con día un altísimo riesgo de ser asesinados” señala.
Esas precariedades hacen que los policías sean vulnerables por completo. Según el estudio, cada día es asesinado un policía.
Pero hay algo más grave que eso: la mayor parte de los asesinatos quedan impunes.
“Matar a un policía es fácil, muy rara vez conlleva una investigación concluyente, y menos aún, consecuencias judiciales” alertó.
Bajo todo ese panorama, es entendible que haya poquísimas personas que quieran contratarse como policías. Ahí está la explicación del por qué hay tan pobre respuesta a las convocatorias que lanzan la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General de Justicia del Estado.
Esperemos que ambas instancias tomen conciencia de la situación para que sean empáticos con los policías. Si quieren policías eficientes y honestos, hay que pagarles salarios dignos, que sean mínimamente equiparables al peligro al que se enfrentan a diario.
ASI ANDAN LAS COSAS.






