La luz que veíamos en el túnel negro de la pesadilla que ha representado la pandemia del Covid-19, era simple espejismo.
Es lamentable, pero lo que creímos era la salida del drama sanitario que padecemos, resultó nada. Por el contrario, las cifras de incidencia de la enfermedad nos revelan que en vez de avanzar vamos en reversa.
La vacuna tampoco está siendo la esperanza que creíamos. El gobierno de Tamaulipas no ha dado a conocer cifras al respecto, pero entidades como Nuevo León contabilizan a la fecha alrededor de 150 personas contagiadas con el virus a pesar de ya estar vacunados.
¿Qué ha sucedido? ¿Por qué en vez de avanzar hacia la salida de la pandemia pareciera que nos hundimos más?
Explicaciones puede haber varias, pero una de ellas es que como sociedad hemos fallado.
Pareciera que le hemos perdido el miedo a la enfermedad y hasta la hemos normalizado. Dicho más claro: el Covid ya no está generando el mismo temor que cuando comenzaron a darse los primeros casos.
Con frecuencia escucho a familiares, amigos o conocidos, decir aquello de: “todos nos vamos a contagiar en algún momento. No hay para qué preocuparse”.
En la creencia esa idea, hemos, como sociedad, relajado las mínimas medidas de protección. La sana distancia es algo que nadie respeta. Ni en las filas de las tortillas las personas atienden esa recomendación.
Peor aún es que quienes deberían poner el ejemplo son los que más violan las disposiciones sanitarias.
Sucedió, por ejemplo, con el tema de las campañas políticas. Debió haber un acuerdo con partidos y candidatos para generar un protocolo sanitario que impidiera situaciones de riesgo, como los actos masivos, pero ni la Secretaría de Salud, ni las instancias electorales movieron un dedo.
Las consecuencias son de todos conocidas. Se “dispararon” los contagios.
La Coepris dejó de ser el policía que era al inicio de la pandemia. Hoy es simplemente una instancia espectadora cuando lo deseable es que estuviera actuando con más severidad.
De los gobiernos municipales, ni se diga. Se supone que son ellos los que tienen el control de la expedición de permisos para fiestas, y sin embargo esos eventos se siguen realizando, acelerando los contagios.
En resumen, podemos decir que estamos peor que antes. En la familia hay un médico que se ha especializado en la atención a casos de Covid-19, y considera que la realidad del Covid es mucho más grave de la que nos muestran las estadísticas gubernamentales.
Es así, dice, porque hay una gran cantidad de contagiados de los que el Gobierno no tiene reporte, ya sea porque la persona no acude a atenderse en hospitales públicos o porque no se hace una prueba para detectar la enfermedad.
“Tan solo yo ya llevo 5 mil facturas expedidas a pacientes de Covid que he atendido”, cuenta.
Así está nuestra realidad con el Covid. Una realidad preocupante y bastante peligrosa.
EL RESTO.
SI, PERO NO. – Una cosa es querer proteger la salud de los burócratas y otra es que los gobiernos, en particular el federal, trabajen a paso de tortuga en instancias públicas que son bastante recurridas por la ciudadanía.
El hecho es así, porque bajo el pretexto de la pandemia del Covid-19, la mayor parte de las oficinas públicas solamente operan con guardias, limitando la atención a los usuarios.
Por ejemplo, dependencias como la Secretaría de Relaciones Exteriores está entregando citas para la tramitación del pasaporte para dentro de tres o seis meses, con el añadido de que el solicitante debe viajar a una ciudad que no es la suya, con el consecuente gasto que eso implica.
Lo mismo ocurre con los servicios que presta el SAT, donde hacer cualquier trámite implica una espera de meses.
Es entendible que se quiere “blindar” a los trabajadores federales ante el virus del coronavirus, pero no se vale que sea a expensas de afectar al grueso de la población. Piénsenle tantito, Alguna forma habrá de salvar ambas cosas.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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