La IV T y su Segundo Piso, en el sur de Tamaulipas, se sigue hundiendo en la perversión; haciendo habitual, una práctica política carente de principios y ausente de interés por enfrentar la problemática que padece la sociedad. Todos los alcaldes -Tampico, Madero y Altamira- dijeron ser fieles y leales a los mandatos del movimiento de transformación.
Eso fue en campaña.
La realidad: gobiernan con acciones de nepotismo, de deshonestidad y exhibiendo la mentalidad neoliberal que juraron desterrar.
Resalta sobre todas sus tropelías en los tres ayuntamientos, la burbujeante tendencia a privatizar áreas públicas. En efecto: inversionistas privados, se han apropiado, con la venia de la autoridad municipal de algunos bienes que son de las comunidades.
Ahora quien se sumó de manera abierta a gobernar con esos métodos frívolos y a contrapelo de lo que proclama la IV T, es el presidente municipal de Altamira, Armando Martínez Manríquez.
En este caso, la historia comenzó con un equipo de futbol profesional. El jefe edilicio, formó un patronato o algo así -lo operó en completa opacidad- en donde empresarios locales invirtieron sus capitales. (Se presume que forma parte de esa figura social, Martínez Manríquez, que, de unos años a la fecha, se ha convertido en uno de los millonarios más solventes de la ciudad. Al parecer, aquí hay un caso de incumbencia de la UIF y el anodino Fiscal Anticorrupción tamaulipeco).
El asunto se torna más turbio, cuando un inmueble estatal -el estadio de Altamira-, público, es utilizado para hacer negocio en manos privadas; en efecto: los inversionistas -dentro de los cuales se sospecha, cuenta el propio alcalde- se benefician alegremente de los bienes de la población.
Por una sencilla razón: el equipo forma parte de la liga de tercera división profesional.
O sea: ¡Se subsidia con el presupuesto municipal a los ricos!
¿Y el Congreso del estado?
¿Y los órganos reguladores del gasto público de los ayuntamientos?
¿Y la fiscalía general del estado?
Son tantas las violaciones, al uso del presupuesto del ayuntamiento que es extraño que los ojos capitalinos no hayan puesto atención ante estas aberraciones de un gobierno de la IV T.
Por desgracia no es todo.
Hoy jueves, el mismo alcalde transmitió en redes sociales un partido del equipo de futbol de Altamira contra un adversario del estado de México. Con gran emoción lanza porras a sus futbolistas; en día hábil, olvidando sus responsabilidades al frente de la comuna.
Hay más: lo acompañaba toda su familia y todos los líderes del sindicato del ayuntamiento.
Pera ello, movilizaron tres camiones de transporte. Es decir: más de cien trabajadores se tomaron por adelantado el puente del Primero de mayo.
¿Quién pagó los gastos de ese alegre contingente de vacacionistas?
Justo, esa es la pregunta que debe responder Martínez Manríquez.





