Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Durante cinco días guardó silencio. Necesitó tiempo para volver a respirar, abrazar a su familia y comenzar a recuperarse de una experiencia que, asegura, le cambió la vida. Este jueves, Zayda Merari Moya Pesina decidió hablar por primera vez desde que recuperó su libertad para confirmar lo que muchos sospechaban: fue víctima de un secuestro.
Su mensaje, difundido en redes sociales, no fue una denuncia cargada de rencor. Fue una reconstrucción breve, pero contundente, de las horas que marcaron su desaparición y una respuesta directa a quienes aseguraban que había desaparecido por decisión propia.
La joven abogada recordó que la noche del 10 de julio salió de la florería donde trabajaba con un propósito cotidiano: comprar la cena antes de regresar con sus hermanos. Ese recorrido, aparentemente rutinario, nunca terminó. A partir de ese momento, comenzó un episodio de incertidumbre, miedo y desesperación del que hoy apenas empieza a recuperarse.
Durante los días que permaneció privada de la libertad, confesó que encontró refugio en la fe. Contó que nunca dejó de orar y de pedir a Dios, así como a su madre fallecida, que le permitieran regresar con vida. Asegura que, incluso en los momentos más difíciles, jamás perdió la esperanza de volver a casa.
Pero además de narrar lo vivido, Zayda sintió la necesidad de responder a las versiones que circularon mientras era buscada por familiares, amigos y autoridades. Con frases breves, desmintió cada una de las especulaciones.
“No estuve de fiesta. No estuve con un novio. No me fui por decisión propia. Fui privada ilegalmente de mi libertad”, escribió para cerrar cualquier interpretación que intentara minimizar lo ocurrido.
Volver a abrazar a su familia, dijo, representa un milagro. Por ello, dedicó parte de su mensaje a quienes siguen esperando el regreso de un hijo, una hermana, un padre o una madre desaparecida. Les expresó solidaridad y compartió la esperanza de que algún día puedan vivir el mismo reencuentro.
También tuvo palabras de gratitud para quienes participaron en su búsqueda. Agradeció las oraciones, la difusión de su fotografía y cada muestra de apoyo recibida durante los días en que su paradero era desconocido.
Sin embargo, entre los agradecimientos también dejó espacio para una recriminación. Reveló que, mientras enfrentaba esos momentos de angustia, no recibió el respaldo que esperaba por parte de la empresa donde laboraba. Aclaró que ese tema será atendido posteriormente por las vías correspondientes, pues hoy su prioridad es sanar física y emocionalmente junto a su familia.
La desaparición de Zayda Merari movilizó a autoridades y ciudadanos desde el pasado 10 de julio. Días después, su camioneta blanca fue localizada abandonada en el sector Fovissste y, esa misma noche, la Fiscalía confirmó que había sido encontrada con vida en la colonia Álvaro Obregón, sin revelar las circunstancias de su localización.
Con su testimonio terminó el silencio. También quedaron desmentidas las versiones que durante varios días alimentaron rumores sobre su ausencia. Su voz cambió la narrativa: no desapareció por voluntad propia; fue víctima de un delito, secuestrada en la Capital de Tamaulipas y que ahora, deberá ser plenamente esclarecido por las autoridades.






