Manuel Muñoz Cano, dirigente del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Tamaulipas, anunció que su partido aplicará una serie de filtros rigurosos a quienes aspiren a convertirse en candidatos durante el proceso electoral del 2027.
Entre los requisitos habrá exámenes toxicológicos y psicológicos, carta de no antecedentes penales y una opinión positiva del Servicio de Administración Tributaria. Dicho de manera sencilla: quien quiera candidatura tendrá que demostrar que anda limpio de drogas, de problemas con la justicia y también con Hacienda.
La medida suena bien. Incluso resulta saludable que un partido político intente revisar con mayor cuidado a quienes pretende llevar a las boletas, sobre todo cuando durante años las candidaturas se han repartido más por conveniencia electoral que por capacidad, preparación o reputación.
Pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo. Aprobar un examen toxicológico, presentar una carta de no antecedentes penales y estar al corriente con el SAT no convierte automáticamente a nadie en un buen servidor público.
Y es que el antidoping no detecta corruptos. Tampoco descubre ambiciones desmedidas, abusos de poder, conflictos de interés, incapacidad, nepotismo ni esa extraña habilidad que algunos políticos desarrollan para enriquecerse una vez que llegan al cargo.
Porque el verdadero problema con muchos personajes públicos no aparece cuando andan buscando una candidatura. En campaña suelen ser atentos, prudentes, accesibles y hasta modestos. El cambio comienza cuando ganan, toman protesta y descubren las bondades del presupuesto público.
Ahí es donde algunos se transforman. El poder suele sacar a flote defectos que ningún laboratorio puede detectar y ninguna constancia oficial alcanza a anticipar. Hay quienes llegan con expedientes impecables y terminan dejando gobiernos desastrosos.
Por eso los partidos tendrían que complementar esos filtros con mecanismos que permitan medir preparación y capacidad. Si alguien pretende ser diputado, cuando menos debería acreditar conocimientos suficientes de Derecho, Constitución, administración pública y técnica legislativa.
Y quien aspire a gobernar un municipio tendría que demostrar experiencia para administrar dinero público, dirigir personal y enfrentar problemas reales de agua, seguridad, servicios, obra pública y desarrollo urbano. Gobernar no es posar para fotografías ni aprender discursos de campaña.
Más importante todavía sería que los partidos mantuvieran la vigilancia después de la elección. De poco sirve revisar minuciosamente a un aspirante si, una vez convertido en alcalde o diputado, nadie vuelve a preguntarle de dónde salió su patrimonio, cómo ejerce el presupuesto o a quién beneficia con sus decisiones.
Los filtros anunciados por Manuel Muñoz Cano tienen mérito y, por supuesto, son mejores que no tener ninguno. Pero deberán demostrar que son algo más que requisitos vistosos para presumir durante el proceso de selección de candidatos.
Porque el verdadero examen de un político no se practica en un laboratorio. Se presenta cuando tiene poder, presupuesto y decisiones en sus manos. Y para esa prueba, hasta ahora, no existe antidoping.
EL RESTO.
¿DE QUÉ SIRVE?.-El Auditor Superior del Estado (ASE), Francisco Noriega Orozco, anuncia, con presunción que, “por primera vez (en la historia de la dependencia a su cargo) se están adelantando los fiempos de fiscalización.
Como consecuencia de ello, dice, en breve será entregado al Congreso del Estado un primer paquete de cuentas públicas del ejercicio fiscal 2025, de las que cerca de un 28 por ciento llevan dictamen negativo.
La pregunta es: ¿De qué sirve que se adelanten los tiempos?
Mientras no haya funcionarios encarcelados por desviar recursos públicos o en tanto no se recuperen dineros sustraídos ilegalmente del erario público, todo seguirá siendo discurso hueco.
Lo que importa son los resultados y esos los sigue esperando la sociedad.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
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