A lo largo de la vida los seres humanos acumulamos emociones en el corazón que al final quedan dentro de la memoria formando sólo un cúmulo de sentimientos que un día aparecen casi estorbando.
Porque también paso a paso se adquiere calidad de vida tanto en las relaciones como en las emociones. Y un día aparecen las ganas de hacer una venta de garage y sacar justamente todo aquello que ya no te queda, las cosas que ya no van contigo.
Entonces quedan sólo los recuerdos de calidad, incluso aquellos que por amargos te ayudaron a crecer, pero es imposible conservar en el corazón todo aquello que va contra el ser que al final de día desea vestir sólo con el hoy. ¡No la moda!, tan sólo él.
Iniciar la venta de garage no es fácil, porque salen los sentimientos de preparatoria, luego te preguntas a ti mismo: ¿cómo llegó esto aquí?, haces memoria y encuentras anécdotas que desearías borrar como si se tratara de una imagen digital que en un simple “clic” eliminara hasta las consecuencias.
La venta de garage, inicia en algún momento en que es necesario hacer espacio en el corazón para acomodar una de las mejores adquisiciones de tu vida, o bien cuando comienzas a ser selectivo y no deseas llenar el closet, sino tener recuerdos de calidad.
Dejas de guardar entonces la chaqueta que nunca más te volverá a quedar… lucía bien en prepa, iba contigo a todas partes y parecía combinar hasta con el entorno. Pero ahora los fríos se sienten un poco más y aquel ligero textil no puede proporcionar la calidez en el invierno.
Ya no aparecerán colgados los jeans parecidos, unos a otros. Ahora se busca un detalle a diario que permita la delicada caricia de la piel.
Al final conservaras tan sólo aquello que de verdad te protegía, lo que te hacía sentir feliz, lo que te permitió crecer a su lado, sin que la prenda redujera su tamaño y donde tú sin mayor estrés encajaste para lucir bien.






