Ciudad Victoria, Tamaulipas.— El endurecimiento de las inspecciones estadounidenses en la frontera ya encarece el transporte transfronterizo y genera pérdidas por demoras operativas.
José Edgar Zamorano Santillán, vicepresidente adjunto de la Región Noreste de CANACAR, explicó que Estados Unidos amplió la fiscalización sobre operaciones.
Ahora, señaló, las autoridades estadounidenses revisan no solamente las mercancías, sino también vendedores, compradores, transportistas, documentos y rutas utilizadas durante cada traslado.
El representante empresarial, cuya jurisdicción comprende desde Matamoros hasta Tijuana, aclaró que no existe una nueva revisión generalizada, sino controles reforzados.
Explicó que estas medidas comenzaron a observarse desde 2025, pero durante 2026 aumentaron considerablemente, principalmente sobre operaciones consideradas de mayor riesgo.
Los hidrocarburos concentran especial atención debido a investigaciones estadounidenses relacionadas con la trazabilidad de combustibles y posibles esquemas de contrabando internacional.
Sin embargo, precisó que las revisiones abarcan también efectivo, armas y mercancías ilícitas, mientras México exporta productos sujetos a controles adicionales.
En las operaciones comerciales hacia Estados Unidos, añadió, las autoridades también revisan materias primas y certificados de origen utilizados bajo las reglas del T-MEC.
Demoras afectan productividad del transporte
Para los transportistas, el impacto económico no depende únicamente del tiempo empleado durante una inspección, sino de las consecuencias sobre toda jornada laboral.
Cuando un tractocamión permanece detenido, pierde productividad, incumple horarios establecidos y puede quedar imposibilitado para realizar otro cruce durante ese mismo día.
Zamorano Santillán advirtió que una demora aparentemente menor puede eliminar un segundo movimiento, afectando directamente los ingresos y la eficiencia de cada unidad.
No obstante, aclaró que CBP todavía no dispone de estadísticas públicas que permitan comparar con precisión los tiempos actuales frente periodos anteriores.
El empresario explicó que deben diferenciarse las filas previas, revisiones no intrusivas, inspecciones físicas y filtros secundarios derivados de perfiles considerados riesgosos.
Son precisamente estos últimos controles, indicó, los que pueden prolongar considerablemente la permanencia de los vehículos y generar mayores costos para transportistas.
Revisiones cambian según cada cruce fronterizo
La intensidad de los controles estadounidenses tampoco permanece uniforme, pues depende de la inteligencia operativa, las condiciones particulares y el tipo de mercancía transportada.
Por ello, cruces como Reynosa-Pharr, Matamoros-Brownsville y Nuevo Laredo enfrentan dinámicas diferentes de saturación frente a otros puertos fronterizos importantes.
Para CANACAR, el desafío consiste en fortalecer la seguridad estadounidense sin provocar afectaciones desproporcionadas sobre las cadenas legales de suministro entre ambos países.
El representante empresarial sostuvo que las autoridades deben encontrar un equilibrio que permita elevar los controles fronterizos sin convertirlos en obstáculos comerciales.
El objetivo, concluyó Zamorano Santillán, debe ser preservar la seguridad nacional estadounidense sin transformar los cruces internacionales en cuellos de botella comerciales.






