Si no existen cambios de última hora, Morena perfila que cuatro de los ocho municipios con mayor peso electoral en Tamaulipas sean encabezados por mujeres.
Antes deberá publicarse la convocatoria nacional, posiblemente después de definirse primero las diputaciones federales y posteriormente coordinaciones municipales y distritales correspondientes al territorio de Tamaulipas.
En Morena, esas coordinaciones no son un simple trámite interno: representan, en los hechos, la antesala para asegurar candidaturas rumbo al proceso electoral 2027.
Desde el CEN no existe prisa. La convocatoria podría aparecer a mediados o finales de octubre, incluso después, mientras continúan negociaciones, mediciones y acomodos internos.
En Tamaulipas, sin embargo, el calendario político corre distinto. El PAN comenzó a reorganizarse con mayor intensidad precisamente donde considera posible recuperar espacios electorales importantes.
Pero mientras Morena administra tiempos, en Nuevo Laredo, Reynosa, Tampico y Altamira, circula con fuerza la versión de que las coordinaciones municipales corresponderían finalmente a mujeres.
Si ese escenario se confirma, el reparto restante deberá leerse cuidadosamente, porque también influirá sobre municipios estratégicos y distritos federales donde cada partido defenderá posiciones.
Existe además otro elemento: la coalición Morena, PT y Verde tendrá que resolver qué espacios conservará cada fuerza y hasta dónde respetará acuerdos políticos anteriores.
En 2024, el convenio federal dejó al Verde distritos como Nuevo Laredo, Matamoros, Río Bravo y un distrito de Reynosa mientras Morena y PT encabezaron otros espacios tamaulipecos.
Si esa lógica se mantiene, cada partido intentará llevar mano donde anteriormente encabezó candidaturas, aunque cualquier acuerdo para 2027 deberá construirse y registrarse nuevamente de manera formal.
Algo parecido podría ocurrir en municipios y distritos locales: conservar equilibrios entre aliados permitiría reducir fracturas y evitar competencias capaces de beneficiar directamente a oposición.
Pero ahí aparece el riesgo: si Morena pretende imponer candidaturas desde centros de poder ajenos al territorio, la coalición podría entrar desgastada al proceso electoral.
El PAN parece haber entendido que su oportunidad depende de eso: aprovechar inconformidades, sumar cuadros desplazados y competir donde Morena termine pagando decisiones mal procesadas.
Por eso la convocatoria importa menos que el método. Morena puede retrasarla semanas, pero no puede darse el lujo de elegir perfiles sin territorio competitivo.
Las coordinaciones serán también una prueba para saber si realmente habrá mediciones, acuerdos y disciplina, o si terminarán imponiéndose cercanías personales, compromisos y presiones superiores, como los que se generan desde la calzada de Tamatán.
En esa carrera aparece Rómulo Pérez Sánchez, quien busca posicionarse dentro de las definiciones distritales y mantener abierta una ruta hacia diputación local por Victoria.
Alrededor suyo circulan comentarios sobre proyectos personales y promesas realizadas entre simpatizantes, versiones que necesitarán convertirse en propuestas serias si pretende sostener una candidatura competitiva.
Porque mientras algunos aspirantes hablan de estructuras, territorio, seguridad o servicios, otros parecen reducir su estrategia a ocurrencias que difícilmente construyen confianza ciudadana suficiente hoy.
La tarea de Rómulo Pérez como Presidente del Consejo Político de Morena, no solo es organizar un proceso interno terso, hoy se habla de que aprovecha su cargo para comercializar candidaturas y busca expandir sus negocios de expendios de cerveza. Vaya preocupación que tiene Rómulo.
Morena todavía conserva ventaja política y estructura territorial, pero por eso debe cuidar sus decisiones: perder por errores propios sería más costoso que enfrentar oposición.
La convocatoria llegará tarde o temprano. Lo importante será comprobar si Morena selecciona competitividad y equilibrio, o convierte sus candidaturas en otra batalla interna electoral.





